Brennan, injerencia y efectos esperados

In Bolivia, CatArtBolivia

No hay duda que Peter Brennan, el encargado de Negocios de los Estados Unidos en Bolivia que culmina en breve su misión, es un diplomático que maneja muy bien el arte de la subversión ideológica y de las técnicas de la inteligencia y la contrainteligencia. Eso le da la posibilidad de salir airoso de situaciones de dificultad. Lo acaba de demostrar en los últimos días sobre la base de varios hechos denunciados por el gobierno.

Todo empezó con la denuncia de una reunión entre el ex presidente Carlos Mesa y el representante estadounidense. El motivo aparente, la despedida del segundo. Todavía no es posible saber el origen de la información y la intencionalidad con la que se puso a disposición de la máxima dirección del país el conocimiento de la reunión. Lo evidente es que Brennan aprovechó el hecho para alimentar un nivel de repercusión en varios medios de comunicación que ya quisiera un diplomático marcharse del país con esos laureles. Desde medios de comunicación con políticas abiertamente opositoras a Evo Morales hasta otros más moderados hicieron girar sus pautas noticiosas en torno a si ex presidente Mesa tenía o no el derecho de reunirse con el alto funcionario de los Estados Unidos. Seguro que algunos hicieron la cobertura con ingenuidad respecto del tema de fondo y otros de la manera deliberada. En todo caso el tema de la injerencia pasó a un segundo lugar.

Pero no fue Mesa -quien expresa un comportamiento nada ético al no informar en su condición de servidor público de sus actividades a la Cancillería, instancia de la que recibe recursos en su condición de vocero de la demanda marítima,- sino Brennan el que ocupó de nuevo los principales espacios informativos cuando el ministro de Gobierno, Carlos Romero, mostró una fotografía en la que el funcionarios estadounidense aparece junto a periodistas y analistas conocidos por su furibunda oposición al gobierno. Tampoco nadie hizo referencia a que no es una casualidad que esos personajes encubran su posición política contraria al proceso de cambio con el disfraz del análisis.

Y como estamos en el mundo del “patas arriba”, como de manera muy creativa e inteligente el escritor uruguayo Eduardo Galeano tituló uno de sus obras para caracterizar al mundo neoliberal, los medios de comunicación empezaron a hablar del “espionaje” al que están sometidos los actores de la oposición antes que a indagar y cuestionar las razones de fondo que explican las reuniones de Brennan con Mesa y luego con ese grupo de intelectuales y operadores de las políticas estadounidenses en el país. Es evidente que esos periodistas y analistas forman parte de las fichas con las que EEUU cuenta dentro del país para desarrollar su estrategia contra el proceso de cambio.

Pero nuestra reflexión en estas líneas es para analizar los hechos desde otra perspectiva. Los movimientos de los diplomáticos estadounidenses no son improvisados, están aprobados desde el Departamento del Estado y en gran parte por los organismos de inteligencia. Por lo general sus movimientos apuntan a provocar un efecto político. Salvo en aquellos países en los que se ha aprendido a defenderse de la intervención estadounidense, las acciones de los funcionarios de ese país hay que analizarlos con mucho cuidado para no darles la oportunidad de poner en marcha su estrategia y táctica definidas desde el Departamento de Estado.

Es decir, queda como hipótesis reflexionar sobre si Brennan activó un plan para irse del país levantando las olas de carácter público que el imperio espera que se produzcan en su perversa campaña de estigmatizar al gobierno de Evo Morales.

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