¿Se espera algo nuevo de embajada de EE.UU.?

In Bolivia, CatArtBolivia

En esta editorial vamos a hablar acerca del nuevo encargado de negocios de EE.UU. en Bolivia. No podía ser de otra manera. Pero antes de comenzar con las típicas acusaciones sobre injerencias o plenas y directas intervenciones, es bueno recordar que Bolivia nunca ha tenido un periodo más libre de la influencia consentida de los EE.UU. que hoy en día. Y este largo período de ejercicio de la soberanía se debe al proceso de cambio. De eso no hay duda.

La soberanía es un principio del derecho internacional que en resumen significa que cada Estado es libre de implementar políticas de cualquier tipo dentro de su territorio mientras éstas no violen acuerdos y tratados internacionales como, por ejemplo, Tratados de Libre Comercio, uso de armas químicas o nucleares o, muy importante, derechos humanos. Al mismo tiempo, la cualidad soberana que tiene todo Estado independiente indica también que la forma de gobierno así como quiénes ocupan los mayores cargos de autoridad de un país dependen totalmente de sus propios órdenes constitucionales.

La relación de nuestro país con los EE.UU. siempre se ha caracterizado por ser tensa en el último aspecto, al extremo de que en muchas ocasiones, la elección de un ministro e incluso un presidente solían ser influenciadas directa o indirectamente por el embajador de este país. Por supuesto, esto ha cambiado no sólo en Bolivia sino en casi todas partes del mundo, como resultado de varios factores como el empoderamiento económico o geopolítico de algunos países como China o Rusia, o la simple emergencia de gobiernos de diferente orientación ideológica pero con demandas de autonomía política en el sur global. Países en desarrollo, si se quiere.

Este cambio ha venido acompañado de diferentes estrategias de intervención o intentos de influenciar la política interna de otros países por parte de EE.UU. Si las intervenciones militares eran una cosa común en regiones como el Caribe durante la primera mitad y más del siglo XX, hoy en día el trabajo diplomático de personal de su embajada es básicamente su primera línea de actuación, seguida por mecanismos económicos y, en casos extremos, nuevamente la opción militar. Bolivia, como Estado pacifista y con altos niveles de estabilidad política en comparación del pasado, difícilmente puede dar razones para una intervención militar. De la misma forma, dado que su economía depende más de socios regionales que de su comercio con EE.UU., un enfoque económico para presionar políticamente al país es también poco probable. Lo que deja la actividad diplomática como la principal forma que podemos esperar en la que los EE.UU. traten de influir sobre nuestro país.

Nos se trata de un razonamiento paranoico, en vista de las transformaciones geopolíticas que atraviesa el planeta, con Rusia empoderándose cada vez más en el escenario internacional y China asumiendo el papel de nueva locomotora de la economía mundial, mientras que aliados como la Unión Europea atraviesan sus propias crisis políticas que se expresan a través de una intensificación de nacionalismos en la región. Esto deja a la América Latina como un espacio prioritario para un país que hasta hace poco más de una década se consideraba la mayor potencia mundial en todos los sentidos, lo que en resumen quiere decir que les interesamos.

Por estas razones, la llegada de Bruce Williamson como nuevo encargado de negocios de EE.UU. en territorio boliviano no puede menos que despertar cierto recelo en el actual gobierno, que sólo puede esperar que su labor sea más sutil y respetuosa de la de sus predecesores, incluyendo a Peter Brennan. Pero, al mismo tiempo, siendo realistas, lo más probable es que el nuevo encargado de Negocios mantenga la política de injerencia concebida en el Departamento de Estado.

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