El innegable designio latinoamericano

In América Latina y el Mundo, CatArtLA

Estados Unidos alcanzó su condición de imperio gracias a la frase “Destino Manifiesto”, escrita por el periodista John L. O´Sullivan en su artículo “Anexión” y publicada en la revista Democratic Review de Nueva York en 1845. En el artículo se decía que: “…El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino…”. La segunda interpretación de O’Sullivan de la frase se dio en una columna aparecida en el New York Morning News el mismo año, donde O’Sullivan, refiriéndose a la disputa con Gran Bretaña por Oregon, sostuvo que: “Esta demanda está basada en el derecho de nuestro destino manifiesto a poseer todo el continente que nos ha dado la Providencia para desarrollar nuestro gran cometido de libertad y autogobierno”.

El “Destino Manifiesto” convertido luego en doctrina se volvió en una razón política para invadir y colonizar territorios, bajo la excusa de un pueblo norteamericano llamado por dios y la providencia para hacerlo.

El padre de la Patria, Simón Bolívar, ya había evidenciado que Estados Unidos iba en camino de convertirse en una verdadera amenaza para el continente americano. Así lo expresó en el famoso discurso de Angostura: “Los Estados Unidos (…) como el amo del reino más poblado de América, será bien pronto señor de toda la tierra” y sugería que “Más importante es conocer nuestro pasado y nuestra realidad social que copiar el Código de Leyes de Washington”

Ante ello, Bolívar consideraba que:
“Divididos, seremos más débiles, menos respetados de los enemigos y neutrales. La unión bajo un gobierno supremo, hará nuestra fuerza, y nos hará formidables a todos”.

“Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y América, que una emanación de la Europa, pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a que familia humana pertenecemos.”

Con la llegada de Hugo Chávez, la integración latinoamericana alcanzó lo que nunca antes inspirada por su talante emancipador. Atilio Borón escribiría: “Chávez movilizó y excitó las ansias emancipatorias de pueblos y naciones por siglos en la opresión”. Con su muerte, lo que no consideraban es que el legado de su pensamiento se iba a profundizar aún más acerca del antiimperialismo:
“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”.

“Seguiremos batallando por la verdadera unidad e integración de nuestros pueblos, pero no es con el imperialismo que vamos a integrarnos. Bastante daño le hizo el imperio al proyecto de Bolívar”.

El presidente Evo Morales hace unos días en medio del acto de rememoración del Che Guevara, dio a conocer un decálogo para construir un mundo mejor sin la injerencia de imperios sobre las decisiones regionales y locales, ni la imposición de modelos económicos ajenos a nuestra realidad y contexto latinoamericano:

Primero, construir un mundo sin invasores ni invadidos con la eliminación total de las armas de destrucción masiva, un mundo en el que no existen bases militares imperiales en nuestros países, un mundo en el que los gastos militares se dediquen a erradicar la pobreza.

Segundo, construir un mundo en el que los servicios básicos sean reconocidos como derechos humanos. Un mundo en el que el agua, la electricidad, la comunicación y saneamiento básico no se mercantilicen y satisfagan las necesidades de la humanidad en todo el planeta.

Tercero, construir un mundo con un nuevo sistema financiero y monetario internacional, en el que no manden los bancos, sino los pueblos. Un mundo en el que se rompan las dependencias de los organismos internacionales, que con sus recetas, violando la soberanía de los Estados, han creado más pobreza.

Cuarto, construir un mundo con una democracia real y participativa, en el que quienes gobiernen manden obedeciendo. Un mundo sin oligarquías, sin jerarquías, sin monarquías financieras. Un mundo en el que la acción política este destinada al servicio de la vida, como compromiso humano ético y moral.

Quinto, construir un mundo en el que erradiquemos el colonialismo y el neocolonialismo cultural y tecnológico. Un mundo en el que cesa la usurpación de saberes, en el que la familia humana comparta en base a la solidaridad y no en el lucro para derrotar a las enfermedades.

Sexto, construir un mundo en el que defendamos el derechos a la libertad de prensa, a la información. Por eso debemos estar alertas a mentiras de muchos medios de comunicación, que justifican invasiones de transnacionales y criminalizan a los movimientos sociales y a los gobiernos antiimperialistas.

Séptimo, construir un mundo en todos los Estados para que reconozcan los derechos de la Madre Tierra y en el que el desarrollo vaya en armonía con la naturaleza. Construir un mundo en el que los recursos naturales de las empresas estratégicas estén en poder del pueblo y no de las transnacionales.

Octavo, construir un mundo con nuevo orden económico mundial, en el que las relaciones comerciales se basen en la complementariedad y solidaridad, y no en el lucro y la explotación.

Noveno, construyendo un mundo que prime la unidad de los pueblos del mundo, de los movimientos sociales, de los trabajadores del campo y la ciudad y las luchas más apremiantes del planeta, entre ellas, Malvinas para Argentina, la liberación de Palestina, la paz en Siria, la paz en Colombia, acabar contra el bloqueo económico a Cuba, la devolución de Guantánamo y finalmente mar para Bolivia.

Décimo, construir un mundo que reconozca la ciudadanía universal, en el que se derriben los muros que dividen a las personas y los pueblos. Una ciudadanía universal para erradicar el racismo y la discriminación.

Es menester nuestro construir una doctrina patriótica, nacionalista, soberana, antiimperialista y unificadora de los pueblos hermanos de América, internacionalista y exterminadora de diferencias y desigualdades.

Bolívar mismo había dicho: “Boliviano: nombre que me pertenece antes de nacer”, tengamos pues también el innegable designio de ser “latinoamericanos libres: nombre y apellido que nos pertenecen antes de nacer”

Javier Espada

Fuente: La Resistencia

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